Maternidades, trabajos y tiempos. Parte I

A propósito del Día de la Madre, el martes pasado lanzamos desde Tramas una Encuesta sobre Maternidades, trabajo y cuidados. La misma seguirá abierta durante esta semana (pueden responder y/o compartir en este link), por lo cual proponemos una nota en dos partes. En esta oportunidad, planteamos una primera introducción al tema de la(s) maternidad(es). En el siguiente número, presentaremos y analizaremos los resultados de la encuesta.

Mandato y experiencias

Una buena madre se sacrifica. Hace lo que sea por sus hijxs. Se des-vive. Y esa es la bendición más grande a la que puede aspirar.

Ahí está la solterona. Sola. ¡Pobre! La egoísta, la superada, que dice que no quiere, pero en realidad sí: ¿cómo no va a querer?

Las cosas han cambiado mucho en estas últimas décadas y, particularmente, en los últimos años. Sin embargo, palabras más, palabras menos; estas imágenes anticuadas siguen gozando de buena salud. Un ejemplo del límite macabro al que se llega en la romantización de la maternidad obligatoria y obligada fue la celebración de un baby shower el mes pasado por el embarazo de una nena de 11 años, violada por su padrastro, en la provincia de Corrientes.

Ya sea por sí o por no; por cuándo, por cómo o con quién… de alguna manera se hará sentir el mandato, con una fuerza que se mide en lo pesado de la culpa.

Pero no se transita igual según la situación de vida en que nos encontremos. Como plantea la poeta lesbiana feminista Adrienne Rich, una cosa es la institución y otra las experiencias de maternidad (ver su libro “Nacemos de mujer” y una reseña de Sabrina Yáñez). Experiencias reales y diversas, que no se dan en el vacío: están cruzadas por relaciones de género, raza y clase. Por eso un primer quiebre con “la” maternidad institución como territorio de sacrificio y aislamiento, es empezar a hablar de maternidades de plural.

Maternidades y mundo del trabajo

María trabajaba de forma no registrada en un comercio. Tuvo a su tercera hija por cesárea. Estando sola, aún en el hospital, su jefe le mandó un mensaje en el que le decía que podía “tomarse el día”, pero que mañana ya la necesitaba. Quedó desempleada.

Clara es docente universitaria y becaria de investigación de CONICET. En la etapa final de la cursada de su doctorado, quedó embarazada. Hasta pocos días antes del parto, siguió trabajando. Publicó artículos en congresos y revistas especializadas. En los primeros dos años de su hijo, no pudo agregar ninguna nueva entrada al currículum. Su pareja trabaja en Sistemas y gana bastante bien. Anotaron al nene en un jardín maternal privado y contrataron a una niñera dos veces por semana. Cuenta que cuando logra ponerse, es mucho más productiva que en la vida Antes de la Maternidad. Un día llegó tarde a buscar a Mateo al jardín. Había estado trabajando tan concentrada que, simplemente, se olvidó. La maestra la miró raro y Clara se sintió terriblemente culpable. 

Belén trabajó 8 horas diarias de lunes a viernes en una librería durante 5 años. El empleo era registrado y contaba con los derechos laborales correspondientes. Cuando pedía uno o dos días para rendir algún final de la Lic. en Economía, sus compañeras la cubrían. En el último trimestre de embarazo, pidió reducción de jornada. Al finalizar la licencia de maternidad de 90 días, no estaba lista para volver. No quería: por más agotador que fuera ser madre primeriza, extrañaba a su bebé, las tetas le explotaban y en algunos momentos del día, la colmaba la urgencia de salir corriendo de detrás del mostrador. Lo intentó un tiempo hasta que decidió dejar ese empleo y también la carrera. No podía con todo. Su compañero era docente y podían bancarse –apenas- con sus ingresos. Ella comenzó a hacer artesanías y a trabajar desde su casa. Hay días más difíciles que otros, pero por ahora sigue eligiendo trabajar a su ritmo y parar a dar la teta, poner música y hacer mate. Anotó al bebé en una guardería que le queda a unas cuadras. Está pensando en arrancar Artes Visuales en el Terciario.

Victoria es empleada doméstica. Vino a Argentina desde Perú hace más de 20 años con una hija pequeña. Su madre, también campesina e indígena, se lo había pedido. No quería que le pasara lo mismo que a su sobrina; a la que habían engañado y ligado las trompas sin su consentimiento. Sabía de otras mujeres a las que las que las habían llevado a la rastra de adentro de sus casas. “Control demográfico”, lo llamaban. Está cada vez más cansada y con la “mecha corta”, como le dice su marido. Ya no se aguanta las cosas que se aguantaba cuando recién llegó. Así como entonces dejaba a la nena en las casas de las vecinas más grandes, ahora ella también abre la puerta a hijos e hijas del barrio.

Estas ficciones mínimas buscan dar cuenta de la diversidad de situaciones en las que se ejerce la maternidad y cómo esta experiencia incide en las trayectorias y condiciones laborales.

Las mismas dan cuenta la inserción de las mujeres en la “división del trabajo por género”, en el marco de la cual podemos entender la brecha salarial de género, los obstáculos para acceder a determinados puestos, la mayor incidencia de la pobreza y la precariedad, la concentración en determinadas actividades… (Ver Nota en Tramas) Aunque estos fenómenos suelen presentarse como el “comportamiento normal” del mercado laboral, lejos de ser “naturales”, expresan los modos en que se organizan nuestra sociedad. Y tienen algo en común: están atravesados por el peso de las tareas domésticas y de cuidados con que cargan mayormente las mujeres.

«Mi madre y las mujeres de mi vecindario», pintado por un niño de Kerala, India

¿Cómo explicar estas situaciones?

Si bien el capitalismo no inventó la subordinación de las mujeres, sí se montó sobre ella y estableció nuevas formas de sexismo. Como plantean Nancy Fraser, Cinzia Arruza y Tithi Bhattacharya en su Manifiesto por un Feminismo del 99%, la clave fue separar la creación de personas (people making) de la obtención de beneficios (profit making), asignando el primero de esos trabajos a las mujeres y subordinándolo al segundo. La tarea de “people making” no tiene que ver únicamente con gestar y parir… sino con criar, cuidar, socializar, educar: son las tareas para la sostenibilidad de la vida. No implican sólo al ámbito doméstico: también involucran el espacio público y comunitario. En conjunto, remiten al proceso de “reproducción social”.

En una entrevista más reciente (traducida en ANRed), una de las autoras mencionadas- Tithi Bhattacharya- explicó: “La mayoría de estas actividades y la mayoría de los trabajos en el sector de la reproducción social, como enfermería, enseñanza, limpieza, están dominados por trabajadoras mujeres. Y debido a que el capitalismo es un sistema de hacer cosas, no vida, estas actividades y estas trabajadoras están fuertemente infravaloradas. L*s trabajador*s reproductivos sociales son l*s peor pagad*s, son los primeros en irse, se enfrentan al acoso sexual constante y, a menudo, a la violencia directa.”

Estas tareas, estrechamente ligada las representaciones sociales sobre lo que “deberes maternales” (y de las mujeres) son devaluadas, ninguneadas… Sin embargo, especialmente en tiempos de pandemia y aislamiento, se revelan como esenciales.

“El capitalismo idealiza la maternidad, por un lado, y la hace imposible, por el otrodijo la psicoanalista feminista Juliet Mitchell en el marco de una entrevista con Celeste Murillo hace tiempo y retomada en el Newsletter “No somos una hermandad” de esta semana.

¿Qué hacemos con la contradicción? Desde las maternidades reales, podemos desbordar esa “idealización”, la institución y el mandato.

Hasta la próxima nota, en la que continuaremos abordando las cuestiones esbozadas en esta primera parte a la luz de los resultados de la encuesta, vale preguntarnos en estos tiempos de crisis profunda: ¿Cómo sería todo si esas tareas feminizadas y desvalorizadas que sostienen la vida fueran realmente reconocidas?, ¿qué pasaría si estuvieran en el centro y no debajo de la superficie, invisibilizadas?, ¿cómo cambiarían las relaciones interpersonales, las experiencias de maternidad y los modos de organizar y distribuir de otra manera los trabajos, los cuidados y tiempos…?

Foto: Horacio Culaciatti.

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